jueves, 19 de agosto de 2010

Préndanle la tele al Cardenal





El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez debería ver más la televisión porque mientras que sus declaraciones sobre los matrimonios gay son como para que la Iglesia Católica vuelva a pedir disculpas, el tema de la diversidad sexual está más que presente y superado en pantalla.

Ser homosexual y compartir la vida con otra persona del mismo sexo ya ni siquiera es un conflicto dramático y no lo digo yo, lo dicen producciones mexicanas como “Las Aparicio” de Argos-Cadenatres.

¿De casualidad usted ha visto esta serie-novela últimamente?
Bueno, pues haga de cuenta que los responsables de esta joya van al día con la información que se está generando en nuestro país y en estas semanas se han dado el lujo de abordar la cuestión “gay”.

Pero no crea usted que con un chavo llorando todo confundido o con una chica que entre sollozos le confiesa a sus padres su orientación sexual.

Los personajes de “Las Aparicio” lo están haciendo poniendo a una lesbiana y una bisexual, que viven juntas y que son muy felices, compartiendo su experiencia en talleres como los que se organizan en diferentes organizaciones civiles.

Nadie grita, nadie se ofende. Esto existe y se muestra como parte de un todo.

Los talleres “gay” de “Las Aparicio” son un acontecimiento porque, le recuerdo, antes, de incluir esta clase de exposiciones así, con esa naturalidad, hubiera sido inimaginable hasta para las telenovelas didácticas de Televisa.

El hecho de que un melodrama seriado lo esté haciendo, y que lo esté haciendo a las 22:00, en televisión abierta, es noticia y más porque lo está haciendo bien, sin suciedades, sin falsas polémicas.

Qué vergüenza que mientras que algo así sale todas las noches al aire, haya gente que se exprese de la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual y transgénero como lo acaba de hacer el cardenal Sandoval Íñiguez.

Se equivocó de época, se equivocó de tono. Yo creo que ni en “Laura de todos” serían capaces de comentar algo así.

Pero los casos de éxito de parejas homosexuales en la televisión no terminan con “Las Aparicio”. El martes pasado, por ejemplo, a las 22:00, por Fox, se estrenó “Modern family” donde, casualmente, hay una familia homoparental.

Le aclaro, “Modern family” no es una serie “gay” como “Queer as folk” o “The L Word”. Es un programa de comedia donde salen muchas familias de muchos tipos.

La familia homoparental es sólo una de ellas, ni más ni menos importante que las demás, una familia de tantas. 
 De tantas!

Y está formada por dos hombres que llevan cinco años viviendo juntos y una bebé de ocho meses recién adoptada.

No sabe usted qué situaciones tan más hilarantes pueden generar estos personajes, desde el momento en que deciden presentarle a su hija al resto de sus familiares hasta la primera tarde que llevan a la niña a un centro de estimulación temprana.

Pero lo más chistoso de esto es que, mientras que para el numeroso público de la televisión de paga esto es objeto de risa, para Sandoval Íñiguez es objeto de desprecio, de discriminación. ¿Cómo ve?

Ahora, no vaya a pensar usted, por favor, que “Modern family” es una serie “gourmet” que sólo ha sido vista por una minoría de especialistas en un rincón perdido de Estados Unidos.

Es un éxito mundial. ¡Mundial! ¿Lo sería si las familias homoparentales fueran algo obsceno y perverso? Y ni hablemos de sus nominaciones al Emmy.

Estamos ante algo grande y yo le recomiendo que lo siga semana a semana y, si puede, que se la regale en DVD a don Juan para que se ilustre.

¿Qué diría de lo que está pasando en “True blood” de HBO? ¿Qué opinaría de lo que está saliendo en “Spartacus, blood and sand” de Moviecity?

Hablar mal de los “gay” y negarles que tienen exactamente los mismos derechos que cualquier persona está más que rebasado por la televisión premium.

En “True blood”, no hay capítulo en que no salga algún personaje “gay”, lésbico o bisexual, o en que no veamos escenas de sexo explícito entre dos hombres o entre dos mujeres.

La confirmación de que esto ya no asusta a nadie fue el capítulo del domingo pasado donde dos vampiros tuvieron relaciones íntimas y el tema, dicho por ellos, no era que se tratara de dos hombres sino de dos vampiros. 

Al parecer, los vampiros gozan más cuando comparten su cama con los humanos.

¿Y qué me dice de “Spartacus, blood and sand”? Ahí los gladiadores hacen de las suyas, literalmente, y el conflicto no es que haya intercambio de caricias entre hombres sino asuntos todavía más profundos como la fidelidad o el amor. 

¿Qué le parece? ¿A usted no se le hace sintomático de algo?
El Cardenal Sandoval Íñiguez debería ver más la televisión porque, insisto, mientras que sus declaraciones sobre los matrimonios gay son como para que la Iglesia Católica vuelva a pedir disculpas, el tema de la diversidad sexual está más que presente y superado en pantalla. ¿A poco no?