El Cardenal Juan Sandoval Íñiguez debería ver más la televisión
porque mientras que sus declaraciones sobre los matrimonios gay son
como para que la Iglesia Católica vuelva a pedir disculpas, el tema de
la diversidad sexual está más que presente y superado en pantalla.
Ser homosexual y compartir la vida con otra persona del mismo sexo
ya ni siquiera es un conflicto dramático y no lo digo yo, lo dicen
producciones mexicanas como “Las Aparicio” de Argos-Cadenatres.
¿De casualidad usted ha visto esta serie-novela últimamente?
Bueno,
pues haga de cuenta que los responsables de esta joya van al día con la
información que se está generando en nuestro país y en estas semanas se
han dado el lujo de abordar la cuestión “gay”.
Los personajes de “Las Aparicio” lo están haciendo poniendo a una
lesbiana y una bisexual, que viven juntas y que son muy felices,
compartiendo su experiencia en talleres como los que se organizan en
diferentes organizaciones civiles.
Nadie grita, nadie se ofende. Esto existe y se muestra como parte de un todo.
Los talleres “gay” de “Las Aparicio” son un acontecimiento porque,
le recuerdo, antes, de incluir esta clase de exposiciones así, con esa
naturalidad, hubiera sido inimaginable hasta para las telenovelas
didácticas de Televisa.
El hecho de que un melodrama seriado lo esté haciendo, y que lo esté
haciendo a las 22:00, en televisión abierta, es noticia y más porque lo
está haciendo bien, sin suciedades, sin falsas polémicas.
Qué vergüenza que mientras que algo así sale todas las noches al
aire, haya gente que se exprese de la comunidad lésbico, gay, bisexual,
transexual y transgénero como lo acaba de hacer el cardenal Sandoval
Íñiguez.
Se equivocó de época, se equivocó de tono. Yo creo que ni en “Laura de todos” serían capaces de comentar algo así.
Pero los casos de éxito de parejas homosexuales en la televisión no
terminan con “Las Aparicio”. El martes pasado, por ejemplo, a las
22:00, por Fox, se estrenó “Modern family” donde, casualmente, hay una
familia homoparental.
Le aclaro, “Modern family” no es una serie “gay” como “Queer as
folk” o “The L Word”. Es un programa de comedia donde salen muchas
familias de muchos tipos.
La familia homoparental es sólo una de ellas, ni más ni menos importante que las demás, una familia de tantas.
De tantas!
Y está formada por dos hombres que llevan cinco años viviendo juntos y una bebé de ocho meses recién adoptada.
No sabe usted qué situaciones tan más hilarantes pueden generar
estos personajes, desde el momento en que deciden presentarle a su hija
al resto de sus familiares hasta la primera tarde que llevan a la niña
a un centro de estimulación temprana.
Pero lo más chistoso de esto es que, mientras que para el numeroso
público de la televisión de paga esto es objeto de risa, para Sandoval
Íñiguez es objeto de desprecio, de discriminación. ¿Cómo ve?
Ahora, no vaya a pensar usted, por favor, que “Modern family” es una
serie “gourmet” que sólo ha sido vista por una minoría de especialistas
en un rincón perdido de Estados Unidos.
Es un éxito mundial. ¡Mundial! ¿Lo sería si las familias
homoparentales fueran algo obsceno y perverso? Y ni hablemos de sus
nominaciones al Emmy.
Estamos ante algo grande y yo le recomiendo que lo siga semana a
semana y, si puede, que se la regale en DVD a don Juan para que se
ilustre.
¿Qué diría de lo que está pasando en “True blood” de HBO? ¿Qué
opinaría de lo que está saliendo en “Spartacus, blood and sand” de
Moviecity?
Hablar mal de los “gay” y negarles que tienen exactamente los mismos
derechos que cualquier persona está más que rebasado por la televisión
premium.
En “True blood”, no hay capítulo en que no salga algún personaje
“gay”, lésbico o bisexual, o en que no veamos escenas de sexo explícito
entre dos hombres o entre dos mujeres.
La confirmación de que esto ya no asusta a nadie fue el capítulo del
domingo pasado donde dos vampiros tuvieron relaciones íntimas y el
tema, dicho por ellos, no era que se tratara de dos hombres sino de dos
vampiros.
Al parecer, los vampiros gozan más cuando comparten su cama con los humanos.
¿Y qué me dice de “Spartacus, blood and sand”? Ahí los gladiadores
hacen de las suyas, literalmente, y el conflicto no es que haya
intercambio de caricias entre hombres sino asuntos todavía más
profundos como la fidelidad o el amor.
¿Qué le parece? ¿A usted no se le hace sintomático de algo?
El Cardenal Sandoval Íñiguez debería ver más la televisión porque,
insisto, mientras que sus declaraciones sobre los matrimonios gay son
como para que la Iglesia Católica vuelva a pedir disculpas, el tema de
la diversidad sexual está más que presente y superado en pantalla. ¿A
poco no?